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Entrevista a Juan Carlos Romero: “Sin la derrota del centralismo no hay esperanzas de progreso”

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En la base de los problemas argentinos, para el senador nacional salteño Juan Carlos Romero, está el centralismo, “esa visión especulativa de Buenos Aires y el centro del país, según la cual el país comprende sólo el territorio que rodea a la capital”. La gran misión de todo gobernante provincial es por lo tanto la lucha contra ese centralismo. “Sin la derrota del centralismo no hay esperanzas de progreso ni de desarrollo”, dice.

El otro gran mal de los argentinos, afirma en esta entrevista el que fuera tres veces gobernador de Salta, ha sido la falta de una agenda nacional estratégica. Los gobernantes se reúnen hoy sólo para discutir temas de coyuntura. La agenda nacional ha perdido sus componentes estratégicos. “Algún día el gobierno nacional deberá arreglar la macroeconomía, cosa de que podamos sentarnos a discutir los grandes temas de infraestructura”.

Los sueños no cumplidos de la salida al Pacifico, la necesidad de replantear el actual modelo de explotación minera, la visión de Mauricio Macri versus la “visión kirchnerista”, el desarrollo gasífero y petrolero salteño y Vaca Muerta. Estos fueron algunos de los temas tratados en una entrevista convocada para discutir los desafios que plantea el desarrollo prductivo del NOA.

¿Cuál es su evaluación de la lucha librada en la provincia para superar el centralismo?

Hemos tenido algunos logros, pero hemos tenido también muchos retrocesos. En muchos casos, los avances logrados por unas vías se frenaron luego por otras. Se avanzó por ejemplo en el reconocimiento de que los recursos naturales pertenecen a las provincias (Constitución 1994) pero ese logro se frenó después por una serie de leyes limitantes, como las relativas a la política tarifaria que controla la nación.

El gobierno anterior subsidió así la zona central y rica pagando muy poco por nuestro gas, cuya producción hoy es un tercio de lo que era en el 2007. Otra ley limitante es la ley de bosques, llamada de Presupuestos Básicos. Usando estos instrumentos, el Congreso, desde Buenos Aires, nos dice ahora que no podemos tocar los árboles, que debemos tener media provincia como reserva. Cae entonces la producción, la inversión, la fábrica de alimentos, y los recursos naturales que se deberían cuidar no se cuidan porque no llegan los fondos establecidos en la ley para ese propósito. No sirve por lo tanto de nada establecer que los bosques, el petróleo son de la provincia si, a la larga, el centralismo se lo lleva todo.

¿En qué medida esas leyes han limitado el desarrollo?

Debido a esas leyes, que la provincia ha tolerado, tenemos limitado el desarrollo ganadero, el desarrollo agrícola, el desarrollo minero. La minería, por ejemplo, aparece hoy como una gran posibilidad de desarrollo. Tenemos sin embargo que preguntarnos: ¿Qué le queda a la provincia de la renta minera? Hoy en día, le queda sólo el tres por ciento de regalía, los pueblos fantasmas y la contaminación. La Nación se lleva todos los impuestos, el impuesto a las ganancias, el impuesto a la exportación. Entonces, hay que replantear este modelo. Si la minería es un recurso de la provincia, lo que hay que discutir es la renta minera.

El centralismo está en la base de los problemas argentinos…

El centralismo es el principal problema argentino. Podemos hablar de inflación, de falta de crecimiento, pero el problema de fondo, el problema real es el hecho de que las provincias, y los empresarios de las provincias, están atados de pies y manos. El centralismo no permite formar capital. Si yo produzco, todo se va. Se va la producción y vuelve algo de dinero.

Pero después tengo que comprar los insumos, que son todos o casi todos de fuera de la provincia y la región. Entonces no se puede formar capital. Y este es uno de los grandes problemas argentinos, la escasez de capitales en el interior. Las empresas en las provincias son pobres, las pymes están agonizando.

¿Cómo afecta el centralismo la vida de los salteños?

El centralismo ha hecho que no tengamos autopistas, que no tengamos trenes. El NOA, por las distancias, es la zona más castigada. Hoy en día, para producir soja, que tiene buena rentabilidad, hace falta rotar el cultivo con el cultivo del maíz. El 50 por ciento del precio del maíz, sin embargo, lo consumen los fletes. Entonces, el productor, o bien pierde plata con el maíz o bien evita rotar el suelo y a la larga pierde esa tierra para la soja o el poroto. Peor aún, en muchos casos el productor no sólo produce a perdida sino que deja de hacerlo, por lo que los campos terminan abandonados. Sin la derrota del centralismo no hay esperanzas de progreso y desarrollo.

¿Se juntan las provincias para discutir los problemas del centralismo?

Durante el primer gobierno de Kirchner las provincias logramos juntarnos y sacar un financiamiento del BID. Con eso hicimos la conexión eléctrica  NOA-NEA. Pero el gasoducto, que era otro sueño de ese gran proyecto de integración, el gasoducto para el NEA, está parado dentro del esquema de obras sin financiamiento en los cuadernos de la corrupción del gobierno kirchnerista.

¿Existe consenso entre las provincias del NOA y del NEA?

El proceso de generación de consensos entre las provincias está todavía en etapa larvada. Funciona mejor con algunos gobiernos que con otros. El kirchnerismo por lo general saboteó cualquier iniciativa de reunión entre las provincias. Si las provincias querían reunirse, había una llamaba del ministro del Interior que frenaba las reuniones. En el gobierno de Menen este proceso fue más factible. En el gobierno de De la Rúa también. Ahora también se juntan, pero los temas versan por lo general sobre temas de coyuntura. Se juntan para ver cómo van a pagar los sueldos de fin de mes. La mente de los gobernantes está puesta hoy en día en ver cómo sobrevivimos la crisis.

Negocios en Salta

Los grandes temas argentinos por lo general no se discuten…

La coyuntura mata la estrategia. La agenda nacional, lamentablemente, no es estratégica, es coyuntural, por la crisis, por la desesperación, por los problemas de todos los días. Las provincias no manejan la macro economía. Uno puede tener una provincia bien gobernada, pagar sueldos, hacer obras. La política cambiaria, el valor del dólar, la capacidad de financiamiento, la generación de confianza son sin embargo áreas que pertenecen al ámbito nacional. Los gobernadores pueden generar confianza en el marco de sus provincias, para cuando lleguen los inversores. Pero si el país es está mal, las provincias también lo están. Ese es el problema.

¿Cuáles son hoy los frentes de batalla?

Un frente de batalla fundamental es la lucha por la desregulación, por el desmantelamiento de las trabas burocráticas, por la descentralización de funciones. Algo que el gobierno de Macri no hizo hasta el momento. Las provincias deben exigir. Si la nación no nos paga en virtud de lo establecido en la ley de bosques, hay que retirarse del convenio. Retirarse y plantear a los habitantes de las provincias si queremos o no producir en esas condiciones. Igual en el ámbito de la minería. Si no hay renta minera asegurada para la provincia, pues, es preferible que las empresas no vengan. De qué sirve tener 500 o 1000 puestos de trabajo por un año o dos si después las empresas se van, ya sea porque ya construyeron la planta o porque ya excavaron la mina y sólo quedan trabajando 40 personas.

¿Qué sectores ve hoy con mayor potencialidad en el ámbito de la producción?

La ganadería y la agricultura, continúan siendo los pilares del desarrollo de Salta, aunque limitadas y contenidas por las leyes centralistas, el fanatismo ambiental y la falta de pago del fondo de protección de los bosques. Otro sector importante es la energía. Si bien el desarrollo gasífero y petrolero que habíamos logrado se perdió, hoy tenemos un pequeño resurgimiento con la energía solar.

Con una inflación del 40 o del 50 por ciento, sin embargo, hoy es casi imposible financiar esos proyectos. El único rubro que más o menos anda bien es el turismo. Y esto es así  porque todo el sector privado invirtió, porque no hacen falta tantos permisos estatales y porque felizmente los gobiernos no tienen oportunidad de perjudicar, de estorbar, de molestar.

¿Basta con protestar, elevar la voz?

Como legisladores, no nos queda otra cosa que protestar, quejarnos, elevar la voz y gestionar o presentar proyectos, o sea, luchar para obtener mejoras. Cuando estuve en el gobierno (bajo la gestión  de Menem, Duhalde y Kirchner), Salta andaba bien porque peleábamos y conseguíamos las cosas, pasara lo que pasara. Los gobiernos provinciales, sean del signo que sean, si saben dónde van, deben saber pelear, reclamar. Ese es el objetivo.

Cualquiera sea el gobierno que asuma el próximo 10 de diciembre, tenemos que apoyarlo para que asuma una agenda de defensa de los intereses de la provincia. Es importante destrabar el tema bosques para que crezca la producción de alimentos sin descuidar el medio ambiente. En el tema minero, tenemos que obligar a las compañías que se radiquen en la provincia a que pongan valor agregado a los minerales. Y tenemos que volver a entusiasmar, encontrar los incentivos para volver a explorar gas y petróleo, recuperar los niveles que teníamos hace unos años, salir del daño que nos hizo el kirchnerismo.

Negocios en Salta

¿Dónde han quedado, en estos años, el sueño de los puertos, la famosa salida al Pacifico?

Cualquier puerto requiere de transporte. Y el transporte requiere de caminos y vías férreas. Nosotros llegamos a pavimentar la ruta a Chile casi hasta San Antonio de los Cobres. El kirchnerismo se tomó 12 años para pavimentar un solo tramo, el tramo que va desde Muñano a San Antonio de los Cobres, que son apenas 20 kilómetros. Y falta todavía pavimentar la otra mitad del camino, que va de San Antonio de los Cobres hasta la forntera. La otra gran tarea es reconstruir el ferrocarril, que no sirva sólo para ir a pasear en el Tren de las Nubes. El gobierno nacional ha intentado reconstruir el ferrocarril Belgrano pero el esfuerzo ha sido insuficiente. La salida al Pacífico, lamentablemente, desde hace muchos años, no es parte de la visión portuaria y centralista de Buenos Aires. Hoy lamentablemente está muy limitado para carga.

El abandono de los trenes no es sólo regional; es también un problema nacional…

Argentina tiene un abandono de 50 años de los trenes estatales. Están mal administrados y abandonados porque los argentinos hemos decidido, equivocadamente, abandonar los grandes proyectos argentinos. Hemos abandonado el ferrocarril, hemos abandonado la navegación de los ríos y de los mares, hemos abandonado los grandes proyectos, y nos hemos dedicado a una visión de muy corto plazo.

Los avances, entonces, en todos estos años, han sido mínimos…

Se avanzó un poquito en las trabas burocráticas, se construyó pavimento de Jujuy a Chile por el paso de Jama. Salta hizo la mitad del camino, y hoy tenemos puestos fronterizos coordinados. Todo muy incipiente, a paso de hormiga. En lo que hace al tren, se hicieron algunas reparaciones en el Tren a las Nubes, un tren que tiene 100 años casi. Entonces ¿Qué falta? Falta moverse, falta invertir, falta convencer a los herederos de los contrabandistas del puerto de buenos aires de que no deben tener miedo de que haya otros puertos para la producción argentina en el Pacifico.

¿Esa lentitud, esa falta de acción, no ha dado lugar a la desesperanza?

Seguramente. Cuando uno llega a una edad y ve que no pudimos avanzar en ese tema en los últimos 40 años, se tiende a pensar que nunca lo vamos a lograr. Pero hay que transmitir a los jóvenes que ese es el objetivo. En la guerra de la independencia, cuando los salteños peleaban junto a Güemes, no sabían cuándo iba a terminar la guerra y menos sobre el resultado. Güemes entrego la vida sin saber cuándo y cómo terminaría esa gesta. Ahora toca pelear por esta otra etapa, que es la etapa del progreso y el desarrollo.

¿Cuáles son las leyes que se necesitan, en el frente legislativo, para avanzar para apuntar el otro modelo?

La ley que debería reestablecer la buena redistribución de los recursos es la ley del presupuesto. El problema es que las obras que se incluyen en el presupuesto después no se hacen. Los legisladores del interior pelean por obras en el presupuesto, hacen un listado, pero luego no se cumplen. Para desmontar este modelo hace falta una acción coordinada. No es sólo una cuestión de presentar proyectos de ley.

¿Cómo evalúa, en este sentido, al gobierno de Mauricio Macri?

Macri expresa una visión estratégica, que es la más adecuada, la más moderna: integrarnos al mundo, invitar al capitalismo. Esta es además la visión que la gente votó. Toda visión, sin embargo, debe estar acompañada de una acción y de una misión. Es allí donde este gobierno ha fallado. Hasta ahora, no pudo bajar su visión a los hechos. La otra visión en la Argentina es la que expresa hoy el kirchnerismo, que es la visión chavista de convertir al país en Venezuela. Lamentablemente, hoy hay mucha gente que está desesperada por la pobreza, por la falta de trabajo, por lo que le puede parecer que la visión kirchnerista es más exitosa. Son las dos Argentina.

¿Cuál ha sido el papel de la sociedad en esa dicotomía?

En la Argentina estamos todavía discutiendo si el capitalismo es bueno o malo, cosa que hoy ni los rusos ni los chinos discuten. En ese sentido, no toda la culpa le corresponde a los gobiernos. Los gobiernos tienen naturalmente una visión centralista, por que pertenecen a una dirigencia centralista, y porque necesitan los votos de las regiones más pobladas del país. Pero estamos también atrasados como sociedad. Los argentinos no hemos sido capaces de acertar un modelo.

¿Qué debe hacer el próximo gobierno, cuáles deberían ser sus prioridades?

Las obras prioritarias son las obras de infraestructura: infraestructura productiva, que son los caminos, la electricidad y los trenes; infraestructura social, que es la mejora de los hospitales, las viviendas, la educación, e infraestructura económica, que es la generación de condiciones para que la gente y las empresas inviertan y crezcan las PYMES, sobre todo. Si hacemos bien las cosas tendremos una minería pujante que deje beneficios en la provincia y una actividad productiva ganadera que traiga inversores, como ya pasó. El desarrollo hoy es infraestructura. Es lo que están haciendo los chinos, los coreanos del sur. Los chinos no han abandonado nunca los planes quinquenales. Aquí no sabemos lo que es un plan quinquenal. Y por supuesto, se necesita un buen gobierno, una buena gestión, es decir, no gastar, en lo básico, más de lo que tiene.

El famoso tema del largo plazo…

Nosotros invertimos por casi 12 años el 20 por ciento del presupuesto en obra pública, sin endeudarnos. La gente nota que la infraestructura trae desarrollo, trae progreso. Si alguien vive en un barrio, que no tenía calle, y el gobierno le hace una autopista, pone agua, pavimenta las calles, instala servicios de saneamiento, su casa se valoriza, crece su patrimonio, accede a más recursos. El progreso  tiene que ver con eso: trabajo, infraestructura social y productiva, calidad de vida. No hay otro modelo. Es lo que han hecho en el resto del mundo.

Y no es una tarea de cuatro años. Argentina tiene que encontrar un camino y seguir por esa ruta por 20 años. La última crisis cambiaria y económica en Chile se dio en el 92. Desde entonces, ese país sigue un mismo modelo. Acertado, equivocado, con ese modelo lograron bajar la pobreza significativamente. Aquí tenemos todavía una crisis a cada rato. Perú, otrora un país de gran inestabilidad, tomó también en cierto momento una dirección. Hoy caen los presidentes, cambian los gobiernos, pero descubrieron que el capitalismo, con control, es mejor que las otras opciones. Bolivia tiene hoy más estabilidad que nosotros. Igual Paraguay, Brasil, donde tienen un uno por ciento de inflación.

Por: Héctor Vanolli

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