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Ianina Zanazzi expone las dificultades a las que se enfrenta una piloto profesional

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“Todavía es como si tuvieras que ‘probar’ que sabés correr y lográs buenos tiempos”. La piloto Ianina Zanazzi creció entre motores. Y fue por más.

Tal como Antonia, el personaje de Nancy Duplaá en la comedia “100 días para enamorarse”, Ianina Zanazzi (36) creció entre motores. Le gustaba lavar las piezas con nafta y un pincel. Pero fue a los 14, cuando su padre y unos amigos habían armado un karting “súper potente” que usaban los fines de semana, que se enamoró de esta disciplina.

Los adultos se manejaban con turnos fijos para dar vueltas y, como su manejo es muy exigente físicamente, en una de las recorridas su padre se había fisurado una costilla y ella aprovechó para reemplazarlo. Manejó largos minutos y sorprendió a todos. Esas personas que la vieron fueron sus primeros sponsors cuando empezó a correr a nivel profesional, enfrentando a otros chicos que ya contaban con siete años de experiencia.

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Esa sensación de “sorpresa” la rodeó en más de una oportunidad, ya que luego de diferentes carreras o pruebas, el comentario general era que había superado las expectativas. Pero, ¿expectativas basadas en qué? O mejor: ¿cuál o cuáles eran las razones que hacían que las perspectivas sobre su desempeño fueran tan bajas que dieran lugar a tal asombro?

En 1999 se convirtió en la primera mujer de la historia argentina en ganar la categoría más rápida del automovilismo nacional, la Fórmula Súper Renault, donde consiguió el cuarto puesto y dos victorias. A los 18 años, ya con numerosos podios en su haber, esta piloto profesional de autos de carreras vivió una situación muy difícil en Río Cuarto, Córdoba, cuando sufrió un atentado mientras ensayaba en una pista: alguien había puesto gasoil y lubricantes en el pavimento antes de su vuelta. “Recuerdo al día siguiente estar girando con custodia policial en todas las curvas del circuito”. Pero, en ese momento, Ianina no quiso hacer la denuncia para que no suspendieran esa fecha del campeonato de la Fórmula 3 Sudamericana.

Asegura que esa “rivalidad” que se genera entre géneros es la parte que menos disfruta de esta profesión “porque nunca lo busqué; se dio como resultado de ser siempre la única que competía de igual a igual con el resto de los pilotos hombres. Ojalá algún día -y no solo en el automovilismo- nos tratemos con respeto e igualdad, más allá del género”.

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Ianina Zanazzi junto a su papá Carlos, mecánico.

Ya en el año 2001, había logrado gestionar una prueba en una prestigiosa categoría europea, pero cuando se enteraron que la corredora que se postulaba era una mujer, le cerraron la posibilidad. Entre insistencias y algunas omisiones “estratégicas” (básicamente, para que no estuviera claro que era mujer), al tiempo logró concretar la prueba, que era importante porque la ayudaría a darse cuenta si ella tenía capacidades reales para soñar con “lo más alto” del automovilismo, ya que ahí, si sus tiempos y mediciones no eran buenos, no podría echarle la culpa al desempeño del auto o del equipo (porque esa escudería había “ganado todo” en ese momento y funcionaba muy bien): sería ella la única responsable de su performance.

Al final del día de pruebas -y después de caras incómodas por haberse encontrado con una mujer-, había logrado los mejores tiempos de la jornada y el reconocimiento por parte de los que estaban presentes (inclusive de Fernando Alonso, piloto de Fórmula 1), lo que le dio un pase a una categoría de prestigio (que finalmente no se concretó por cuestiones políticas y empresariales de ese momento entre Argentina y España).

Siguió corriendo en otras categorías pero, en 2004, decidió salir de las pistas y retirarse después de una década al volante. Los prejuicios no son las únicas diferencias que deben afrontar las corredoras frente a los varones: “Ellos pueden seguir corriendo y formar una familia, pero una mujer no, porque -por ejemplo- no podés correr embarazada”, comenta Ianina. Así fue como tres años después tuvo al primero de sus tres hijos y se dedicó tanto a explorar otra faceta del mundo automotriz como a aprender la metodología pedagógica Montessori y ya sueña con una nueva escuela.

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Hace dos fines de semana se animó a volver a tomar el volante en Entre Ríos, en el campeonato de la Porsche GT3 CUP Trophy Argentina, donde arrancó con dos triunfos en su categoría y muy buenos lugares en la tabla general.

Como la mayoría de las veces durante su carrera, es la única mujer del torneo. A pesar que había transcurrido una docena de años de su retiro, asegura que hoy no nota “cambios” significativos en las pistas y sus alrededores en lo que tiene que ver con el trato hacia las mujeres: “En los autódromos, por ejemplo, los baños femeninos siguen abiertos solo los fines de semana, cuando hay público o alguna trabajadora”, comenta.

Y hace un paralelismo con la gran velocidad a la que evoluciona la tecnología automotriz, que no va de la mano con el trato prejuicioso y machista que sigue sin asociar a primera vista a una corredora con la alta velocidad: “Todavía es como si tuvieras que ‘probar’ que sabés correr y lográs buenos tiempos”.

Fuente: Diario Clarín

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