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Salta necesita reconstruir su proyecto agropecuario

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El mundo cambia a pasos vertiginosos. Si los países y las provincias no se adecuan a nuevos escenarios, se condenan a sí mismos al fracaso.

Nuestra provincia alberga hoy al 3% de la población del país, recibe el 4% de coparticipación y alcanza un producto bruto regional del 1,5%.

En Salta, el campo, la minería y el turismo siguen siendo las plataformas para el desarrollo. Son tres áreas estratégicas que, necesariamente, deben estar a cargo de ministros idóneos en cada materia. La política, a veces, privilegia otros criterios y designa aficionados. En el caso específico de la producción rural, es imprescindible asumir no solo su importancia sino despejar dos fabulaciones:

* El modelo agroexportador de cereales, inspirado en una concepción extractiva, ya no tiene vigencia. Hoy la exportación exige genética y trazabilidad sanitaria, ambiental y social. Sin este requisito, no habrá mercados.

* La prédica “anticampo” es solo un prejuicio urbano y burgués. El Gobierno provincial debe neutralizar las sobreactuaciones sistemáticas del fundamentalismo ecológico.

Las políticas deben considerar los mercados de destino: los limones, bovinos, oleaginosas y cereales, por caso, son productos de alta inserción internacional, con un 15 o 20% de su producción destinadas a las exportaciones. A estos les conviene un tipo de cambio real alto, por ejemplo. En cambio, las frutihortícolas o la lechería, vinculadas al mercado interno, sufren cuando trepan el dólar y la inflación porque contraen el poder adquisitivo de los asalariados y esto retrae el consumo. El Gobierno provincial necesita definir qué hará para incrementar y mejorar la producción local. Recuperar y reformular el proyecto agropecuario supone una decisión muy firme y sustentable acerca del perfil agroindustrial que imagina para Salta.

En primer lugar, la ganadería y la producción de biocombustibles van de la mano, ya que la “burlanda” se convierte en alimento para el ganado, Pero esto supone, por una parte, políticas solidarias ante la Nación para favorecer el precio del biocombustible y el nivel de corte de las naftas con ese producto. Es decir, definir si se quiere avanzar en esa producción energética.

Asimismo, la producción ganadera debe acompañarse de la consolidación de la industria frigorífica. Salta sigue importando de otras provincias el 70% de la carne que consume. “El alto porcentaje de animales para faena, que salen de la provincia, y la importante cantidad de kg de carne enfriada que sigue ingresando, es un indicativo de falta de capacidad de la industria frigorífica y de sus subproductos, importantes generadores de mano de mano de obra”, advertía este año el consultor Carlos Segón en un informe a la Sociedad Rural de Salta.

La provincia no debería quedarse esperando que llueva coparticipación. (Tampoco agua, ya que están por delante muchas obras hídricas para riego y bebida). La provincia debe incrementar su recaudación local con más producción y menos impuestos. Con políticas. Hoy, el Estado se queda con el 77% de la renta agrícola salteña. En la Pampa, la carga impositiva sobre la utilidad de los productores de granos promedia el 57%, por los mayores rindes, la cercanía a los puertos y la menor incidencia de los fletes y otros gastos en la estructura de los costos de producción y comercialización de cereales y legumbres.

“La Argentina está posicionada en el lado correcto del planeta, porque produce alimentos”, dijo hace poco en Salta el economista, funcionario y productor Javier González Fraga. “Es bueno que nuestros principales mercados van a tener mayor incorporación de consumo de proteínas en sus dietas”, agregó.

Pocos días atrás, el presidente de Coninagro, Carlos Iannizzotto, destacó una dimensión social de la perspectiva agropecuaria: “La mayor cantidad de explotaciones agropecuarias están personalizadas por pequeños productores y familias, y no por grandes empresas. Es entonces a ese federalismo, desarrollo local y arraigo familiar que debemos apuntar”.

En Salta se alimentan expectativas por la multiplicación de los grandes emprendimientos, generadores de calidad en gran escala, y que pueden afianzar la marca Salta en el mundo; y hay miles de pequeños productores que podrían aumentar la calidad y la cantidad de su producción cuando se ponga en marcha un proyecto agroindustrial de largo aliento.

La urgencia de un proyecto de desarrollo

Opinión por Lucas Elizalde

Salta necesita construir un sistema productivo sustentable, que mejore la situación socioeconómica de sus áreas rurales, es decir, la calidad de vida y de empleo de los sectores de menores ingresos de la provincia. Y que, además, genere condiciones óptimas para generar valor y exportar producción salteña a los mercados más exigentes.

Por otra parte, es conveniente empezar a pensar una provincia menos dependiente de la coparticipación y capaz de contar con mayores recursos tributarios propios.

En la región chaqueña existe un sistema productivo ganadero bajo monte, sin manejo, generador de una economía precaria y de subsistencia. No existe el monte virgen y tampoco se lo podrá restaurar sin una política que contribuya a ordenar el sistema.

Hay cuestiones básicas y prioritarias que atender para poder empezar a revertir esto: una es la regularización fiscal y la titularización de tierras; es necesario resolver todos los conflictos por tenencia de tierras y adecuar las normativas relacionadas al ordenamiento territorial que permitan un sistema de ganadería eficiente.

Balance de superficie

Nuestra provincia tiene aproximadamente 15 millones de hectáreas, de las cuales algo más de 10 millones corresponden a áreas boscosas que se distribuyen, a grandes rasgos, de la siguiente manera:

* 2.200.000 ha. bajo producción agrícola-ganadera.

* 1.100.000 ha. verdes o de bajo valor de conservación según OTBN. Superficie apta para realizar cambio de uso de suelo.

* 1.500.000 ha. rojas, o de alto valor de conservación. No está permitido realizar ninguna actividad.

* 5.200.000 ha. amarillas o de mediano valor de conservación. Superficie apta para ecoturismo y manejo forestal.

En todos los casos, es la autoridad de aplicación provincial, Secretaría de Ambiente, la que autoriza a realizar las distintas actividades en cualquier situación, nadie está autorizado de “antemano”, a realizar cualquier actividad sin la previa autorización. Eso es considerado una actividad ilegal.

La superficie “amarilla”, comprendida por aproximadamente cinco millones de hectáreas se distribuye básicamente en dos ambientes muy distintos y casi en partes iguales.

Por una parte, las yungas o selva tucumano boliviana, donde predomina la actividad forestal, cañera y frutihortícola. Es una región de alto valor de conservación por su geografía, pluviometría y biodiversidad y con alto potencial productivo también.

Por otra, el monte chaqueño, que abarca el departamento Rivadavia en su totalidad, parte de San Martín y Orán. Una característica sobresaliente de la región chaqueña es su producción ganadera bajo monte. El desarrollo de esta actividad, sin planificación, inversión genética, atención sanitaria control alimentario, es altamente ineficiente desde lo productivo, lo que la convierte en una actividad de subsistencia. Desde el punto de vista ambiental es quizá su lado más preocupante. Tal es así que los informes de la Organización Mundial de la Salud señalan a esta modalidad precaria como uno de los grandes riesgos de desertificación. Si bien es un sistema donde no hay cambio de uso de suelo o desmonte, tampoco hay manejo de los recursos forrajeros y aguadas, este desmanejo genera un nivel de sobrepastoreo o uso irracional de los recursos forrajeros que da el monte generando degradación del monte y de los suelos.

El desafío que se nos presenta es revertir esta situación, logrando la recuperación de fracciones de ese monte y un sistema productivo capaz de cambiar la realidad de su gente a través de la mejora productiva. Con incorporación de tecnología de manejo en los sistemas ganaderos tales como alambrar y apotrerar, implantación de pasturas, manejo del agua y planificación sanitaria del rodeo, es posible lograr mejoras que transformen a la producción de subsistencia.

Una ganadería en desventaja

Opinión por Carlos Segón

La producción ganadera de la provincia de Salta -según los datos del Ministerio de Agricultura de la Nación- registraba en 2017 un stock de 1.214.435 cabezas pertenecientes a 14.609 productores. Cuando se analiza la estratificación de estos por cantidad de cabezas, se observa que 14.106 productores tienen menos de 250 cabezas, con un total de 503.023 vacunos.

La mayoría de ellos se encuentran en la región del Chaco salteño; estas producciones pequeñas se caracterizan por ser de tipo familiar, desarrolladas generalmente en predios sin límites territoriales, con títulos de propiedad en situaciones complejas, o posesiones en tierras fiscales y privadas sin resolución legal.

La región del Chaco salteño se extiende en una gran superficie de 64.000 km cuadrados e incluye los departamentos de Rivadavia, San Martín, Orán y Anta; se extiende, entonces, en una diversidad de ambientes, con altas temperaturas y precipitaciones muy irregulares, que oscilan entre 400 a 800 mm anuales.

El departamento de Rivadavia y el este de Anta, conforman la mayor parte del chaco semiárido. En esta región, las lluvias en promedio no superan los 500 mm que se distribuyen desde noviembre hasta abril. Los pobladores y los animales tienen como fuente de bebida las márgenes de los ríos y pozos de poca profundidad donde se baldea con el antiguo sistema de noque (recipiente de cuero). Pero la mayor fuente de bebida, sobre todo para los animales, son los madrejones que reciben agua de lluvias.

El incremento de los animales, la pérdida del tapiz del suelo por sobrepastoreo, las pocas lluvias que se pueden esperar en el trimestre de septiembre a noviembre, con temperaturas de 40 grados que en ocasiones llegan a máximas de 50 grados, provocan que los madrejones ya no acumulen la cantidad de agua necesaria para los animales de la región. Así, lo que en alguna época se podría decir eran “contingencias eventuales”, hoy son situaciones previsibles que se repiten con mayor frecuencia. Las declaraciones de emergencias agropecuarias, en estos casos, están lejos de ser una solución al problema. Llegan cuando los animales ya están en una situación crítica donde los porcentajes de mortandad son altos, y la falta de infraestructura para proveer agua y alimento hace estéril el esfuerzo para paliar la crítica situación.

Cosecha de aguas

Sin ningún lugar a dudas, la solución adecuada para esta situación es implementar las técnicas de “cosecha de agua”, que tan buen resultado se puede observar en las colonias menonitas del chaco paraguayo. Con esta técnica, no solo solucionaron el abastecimiento para sus pobladores y sus animales, sino que proveen también a industrias lácteas y frigoríficas de exportación al Mercado Común Europeo. Su implementación es de muy bajo costo ya que no requiere grandes inversiones.

Exclusión infamante

Lograr un régimen fiscal que incluya a estos productores es otra de las grandes deudas del Estado nacional. Los sistemas fiscales actuales, como monotributos, no son factibles para la realidad de estos ciudadanos, ya que cumplir con pagos mensuales o presentaciones de impuestos mensuales son utopías que terminan dejándolos fuera del sistema y con deudas acumuladas que lo bloquean definitivamente. Para realizar cualquier pago o trámite deben recorrer más de 400 kms. por la falta de bocas de recepción de pagos, incluso en municipios como los de Rivadavia Banda Sur o en localidades como La Unión, donde están obligados a viajar hasta Orán.

La falta de inclusión fiscal no les permite vender a precio de mercado, y así son castigados por compradores de sistemas informales; pero también les impide acceder a los sistemas de autogestión, para confeccionar los documentos de tránsito electrónico debiendo hacer largos y costosos viajes hasta alguna oficina de Senasa.

Hay que diseñar un sistema fiscal de pagos con retenciones por el comprador o consignatarios en un monto fijo por cabezas vendidas, por cuenta y orden del productor de manera de tener un sistema simplificado que lo exima de la presentación de declaraciones juradas y todo otro trámite burocrático.

El tercer tema que es el más complejo es la regularización de la titularidad de la tierra que debe ser una decisión política del Ejecutivo provincial, con diferentes soluciones para los que están en tierras fiscales, los que ocupan predios privados, y otros productores que dejaron sin efectuar sucesiones por varias generaciones.

Esta situación les impide realizar pedidos de habilitaciones para implantar algunas hectáreas de pasturas para tener reservas en los periodos críticos.

Esta es la realidad que afecta al 96% de los productores ganaderos que tienen el 42% del stock ganadero de la Provincia de Salta. Es decir, es un gran desafío a abordar.

Fuente: eltribuno.com

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