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Vinos orgánicos se imponen en los mercados de alto poder

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La producción creció 59% el año pasado. Logró superar la desconfianza de los consumidores y se convirtió en un producto buscado en el exterior por su alta calidad.

En un contexto favorable para los cambios de hábito que buscan un estilo de vida saludable, se suma a la tendencia del running, de las terapias alternativas y de las dietas nutritivas bajas en calorías, el vino orgánico. Así, parecen conjugarse los placeres mundanos con el bienestar y el respeto por el medio ambiente.

Sin embargo, denostado por algunos consumidores a partir de malas experiencias en función de primeros y trastabillados pasos de ciertas bodegas y del prejuicio como consecuencia de ignorar los verdaderos beneficios y cualidades de la producción sustentable, lo cierto es que en la Argentina aún hay muchos malos entendidos por resolver cuando del vino orgánico se trata.

De hecho, el enólogo y licenciado en Administración de Empresas Juan Eduardo Nanni, dueño de la bodega familiar salteña Nanni una de las primeras del país en lograr certificación orgánica (la obtuvo en 1996)- reconoce que ”cuando empezamos a certificar había muy poco conocimiento de lo que es un vino orgánico; incluso mucha gente lo relacionaba con el concepto light. En consecuencia, durante muchos años dejamos de poner la etiqueta que indicaba su certificación. Eso, hasta hace unos siete años, porque desde entonces hay un conocimiento más generalizado. Sin embargo, todavía falta concientizar“.

En ese sentido, el enólogo jefe de la bodega mendocina Domaine Bousquet, Lino Martínez, señala que últimamente han ”invertido mucho en el mercado interno, capacitando lugares de venta como ser vinerías y restaurantes donde le enseñamos al personal cómo es una degustación y hasta hablamos con los chef acerca de los maridajes“.

No ocurre lo mismo en el mercado internacional, sobre todo en el europeo y en el de América del Norte, donde un producto amigable con el ecosistema es especialmente valorado. Es por eso que la mayor parte del vino orgánico que se obtiene en los viñedos locales, se exporta.

Así, los vinos orgánicos y biodinámicos, que ya son tendencia en el mundo, cuentan con un potencial que aún no explotó en el país pero que promete hacerlo ya que, poco a poco, el planeta tiende a privilegiar su consumo frente a las producciones vitivinícolas tradicionales. Porque, si bien sigue siendo un mercado de nicho, en los últimos tres años demostró un crecimiento. De hecho, muchas bodegas que no solían competir en el sector, comienzan a mirar con buenos ojos esta alternativa y se animan a hacer las primeras inversiones en ese sentido. Aún así, es cierto que esa predilección y percepción de valor todavía no se ve reflejando en precios diferenciales. Es decir, el consumidor extranjero lo elige en muchas ocasiones por encima del vino convencional pero no está dispuesto a pagarlo más caro.

Condiciones especiales

Por lo pronto, en Argentina hay 60 productores de uva orgánica certificados. Esto significa que cumplen con los estándares que en el país y en el mundo se exigen para poder denominar orgánico a un producto. Hay dos clases de certificación: la agropecuaria, que hace referencia a la uva y al viñedo; y la industrial que se enfoca en la bodega. ”Son parámetros que varían según el país. Cada uno tiene sus normas. En Estados Unidos, por ejemplo, no se clasifica a un vino como orgánico sino como hecho con uva orgánica. Porque lo que no permite aquel país es incluir en la elaboración sulfito, que es el conservante principal que suele utilizarse. Sin embargo, su uso, hasta cierto límite, sí es aceptado en Argentina y en Europa“, explica Nanni. Vale aclarar, que los sulfitos son de origen natural. Tal como lo manifiesta el representante de la cuarta generación de los Nanni, éstos se forman a partir de ”la combustión del azufre. Ya los utilizaban los romanos, en la antigüedad, para conservar los vinos. De hecho, la propia levadura los produce“.

Por otra parte, hay que decir que la provincia de Mendoza es la que posee mayor superficie cultivada de uva orgánica. Supera las 2.300 hectáreas de viñedos en esa condición. Pero también se destacan viñas así en Salta, La Rioja y Catamarca.

Desde Domaine Bousquet (cuyo fundador, Jean Pierre Bousquet, oriundo de Carcassonne, se radicó en Mendoza y abrió la bodega que hoy manejan sus hijos Guillaume y Anne, más el esposo de ella, Labid Ameri, con el asesoramiento externo de Paul Hobbs, uno de los enólogos más reconocidos en el mundo), Martínez explica que ”cuesta más trabajar un viñedo cuando es orgánico, precisamente porque no usamos abono de síntesis químicas ni pesticidas. Y nos beneficiamos en la calidad del vino y de la fruta porque no tienen ingredientes exógenos a la tierra. Además, en un viñedo orgánico se utiliza sobre todo mano de obra para hacer la labranza y eliminar las malezas. Cuidamos nuestro capital que es la tierra y favorecemos que la micro flora y la micro fauna de la tierra, trabajen. En cambio, cuando aplicás herbicidas, ésta se va muriendo y se transforma sólo en un punto de apoyo. Por eso pregonamos que la fruta de nuestros vinos es distinta al del viñedo tradicional“. Y agrega que, ”muchas veces, la utilización de productos químicos, hacen variar los aromas de los vinos“. Otra ventaja de la producción orgánica es que la planta, la vid, explora la tierra a mayor profundidad por lo que recibe nutrientes sin contaminación“. Es decir, accede a áreas vírgenes del terruño.

Todos estos reparos implican una inversión mayor en los viñedos orgánicos en comparación con la que se precisa para mantener la sanidad en uno convencional. Así, el costo de la materia prima es, ”por lo menos, un 20 por ciento más“, asegura Martínez.

Etiquetas de bandera

Lo cierto es que la producción de vino orgánico argentino se bebe, en gran parte, en el exterior; sobre todo en Europa, Estados Unidos y Asia, tal como ratifica en sus informes el Senasa el organismo nacional que certifica y audita la calidad de estos productos .

Concretamente, el 83,4 % del vino sustentable de exportación se destinó, el año pasado, a los países de la Unión Europea; el 5,6 % a Estados Unidos, el 2,9% a Suiza y el 1,9% a Japón y el 6,2 % al resto del mundo. Entre estos últimos llaman la atención lugares tan dispares como Emiratos Árabes Unidos, Filipinas, India, Israel, Laos, Lituana, Malasia y Noruega, entre los más receptivos.

Asimismo, el Senasa indica que en 2014 la exportación de este producto creció un 59 % lo que implicó la venta internacional de un volumen de 10.659.526 kilos de vino orgánico.

Martínez da cuenta del éxito de esta clase de producto en el mercado internacional cuando señala que en 2005, cuando la firma inició sus ventas, la bodega producía unas 50.000 botellas al año mientras que este año la cifra asciende a unos 4.000.000 (más 1.500.000 a granel que se destina únicamente al extranjero donde es fraccionado). De ese volumen, el 7 % es para el mercado interno y el 93 % restante se exporta a los principales mercados, sobre todo a Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania, Japón y otros 40 países.

Por otra parte, según Nanni, su bodega exporta entre el 25% y 30% de su producción (tiene dos líneas: Reserva, de alta gama; y Jóvenes Varietales, que es alta media-alta) a Estados Unidos y, más recientemente, también a Brasil.

Así, la mayor parte de los vinos orgánicos Nanni elaborados a partir de uvas que crecen en viñedos de altura: a 1750 metros- se comercializan en Argentina, sobre todo en el noroeste, donde se los puede hallar fácilmente. En el resto del país, se encuentran en lugares puntuales como ser vinotecas, ferias y comercios especializados en productos orgánicos.

Una idea que nació en Suiza y Alemania

En el universo vinicultor, además de la elaboración tradicional, existe la que sigue pautas orgánicas pero también la que se realiza según métodos biodinámicos. Los dos últimos son los que se conocen como producción sustentable gracias a que descartan la incorporación de elementos artificiales, generalmente tóxicos, con el objetivo de cuidar la materia prima, respetar el medioambiente y privilegiar hábitos saludables.

Este concepto se inició en la década de 1950, en Suiza y Alemania, de la mano de un grupo de pioneros que decidió aplicar los principios de la agricultura orgánica a la producción vitivinícola. Sin embargo, no fue hasta mediados de los ’80 que la práctica obtuvo impulso.

Pero ¿cuál es la diferencia entre orgánicos y biodinámicos? Los primeros son aquellos que para elaborarse se sirven del cultivo natural, rechazando productos como los pesticidas, herbicidas y fertilizantes artificiales, entre otros, tanto en el trabajo de la viña como en la bodega.

Los biodinámicos, por su parte, además de prescindir de elementos poco amigables con el entorno, establecen su calendario vitivinícola en función de los ciclos lunares y en consonancia con los protagonistas del ecosistema, como ser la fauna y la flora, que convive con el viñedo.

SEGUNDA EDICIÓN DE LA FERIA DE VINOS ORGÁNICOS

A tono con un sector vitivinícola que sostenidamente gana espacio en el mercado local e internacional, los días 21 y 22 de agosto se realizará una nueva edición de la Feria de Vinos Orgánicos.

La cita es en La Botica del Ángel, de Eduardo Bergara Leumann (hoy un museo imperdible con unas 2.000 pinturas de grandes artistas argentinos y recuerdos entrañables de la escena literaria, teatral y musical local).

A propósito de la buena repercusión que tuvo la feria el año pasado, la segunda edición promete más atractivos. En principio, una veintena de bodegas orgánicas expondrán sus vinos y aceites de oliva- muchos de los cuales sólo se pueden degustar en el exterior por lo que el evento constituye una oportunidad única de conocer las etiquetas más destacadas del sector.

Además, habrá un espacio gastronómico con productos agroecológicos donde el público podrá degustar un abanico de alimentos elaborados con ingredientes naturales. No faltarán charlas con enólogos, sommeliers, cocineros y especialistas del mundo orgánico; así como stands de organizaciones no gubernamentales ligadas a las prácticas sustentables que buscarán interactuar, informar y concientizar a los consumidores.

Entre las bodegas que ya confirmaron su presencia se destacan Alpamanta, Alto Salvador, Amalaya, Andalhue, Chakana, Colomé, Domaine Bousquet, Familia Cecchin, Finca Dinamia, Krontiras, La Riojana, Nanni, Oralia, Pulmary, Vinecol y Vinos Abaucán. Todas de Mendoza, Salta, Catamarca y La Rioja.

Todo indica que, como afirma el licenciado en Ciencias Ambientales, Juan Pino, uno de los creadores de la feria, parece ser “el lugar ideal para conocer un mercado en crecimiento y una variedad de productos tan exquisitos como saludables y sustentables”.

Al igual que en la edición anterior, el 10% de las ganancias serán donadas a la Fundación Espacios Verdes.

Más información:www.vinosorganicos.com.ar

Por Jésica Mateu, diario BAE

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